Equivócame


Creo que hace ya tanto tiempo que dejamos nuestros valores tendidos en su escala, que ya hasta dudamos de si los colgamos con pinzas o con sogas. 
Y conociéndonos, apostaría toda mi cordura a la cuerda. 

Y siempre espero equivocarme. 

Y siempre me equivoco esperando. 


Que me gustan los motivos reales que no se desvanecen en el quinto sueño lo sabes desde el primer día que te solté aquel ¿y qué?. 
"Y qué le ves de raro a que te quiera tal y como eres."
Te lo recuerdo entero porque creo que nunca lo entendiste del todo. 

Pero será que ahora soy la rara, la que le gusta mirar las grietas. 
Mirarlas, no desayunarlas cada domingo de madrugada como un secreto que es mejor tragar sin reventar. 
Será porque tengo la manía de descalzarme antes de pisar sentimientos ajenos, por eso de que la tinta en la piel al menos algo absorbe. 
Será que vuelvo a ser la idiota que habla a la pared. Pero esta vez ya sin fuerzas.

Sólo sé, y tú lo has sabido, que nunca me gustó estar donde sonreír implicaba hacer esfuerzos. 

Así que aquí estoy, en la línea de al lado, sin saber cuándo ni por qué tomé la decisión que no te seguía. O tú tomaste la que yo no podía seguir. 
Aquí ni sé, ni creo, ni pregunto por qué.
Pero eh, sonrío. 

Y aquí, ya lo sabes, te espero. 

Y ojalá no tengas que venir antes de que yo vuelva
equivocada
pero queriéndote como siempre.


Muy del 2013

Y cuando sabes que algo puede ir mal y estallará bajo tu nariz.
Cuando no es posible ser feliz y te asustas como un animal.
Es el día de la gran broma final.
Cuando te griten con rabia que tu amor entero fue una estafa,
y tú protestes y no quede un alma allí para escuchar.
Cuando ya no queden ritos, suene un golpe seco y casi un grito,
y luego ya no te molestes ya no hay nada que arreglar.
Es el día de la gran broma final.
Ya nada será igual
tras el día de la gran broma final.

La gran broma final. Nacho Vegas.



Es innegable que todos tenemos nuestros días de grandes bromas finales,
pero nunca les leemos sus derechos
antes de disparar.