Adelante, entra y sentémonos a charlar un rato. Encendamos un primer cigarro y pidamos bebida, así podremos darle sentido a nuestro silencio. Gargantas de hielo frío y humo caliente. Segundo cigarro. Tenemos que hablar, lo sabemos, pero no hay quietud más estable que la que nos rodea ahora. El pánico escénico hace mella en mí aunque ya estemos al final de la obra. Segundo trago, tercer cigarro. Tomo aire y aparto la mirada de las manos. Tus ojos tienen el mismo miedo que antaño, no has cambiado un ápice en tus deducciones. Sabes qué quiero contarte. Tercer trago. Respiro. Empiezo a hablar.
Horas insensatas
Soñarte, mirarte y esperar.
Que tus ojos color indefinido consigan removerlo.
¿El qué? No sé, da igual,
todo, sin más.
Despejarse por la mañana,
acercar la mano a tu pómulo y, pierna con pierna,
dibujar en la sábana un deseo tonto, simple, banal.
Un juego de niños ejecutado por dos cuerpos adultos,
con miedo entre las sombras,
sin espejos donde verse, sin ruidos que escuchar.
Y una caricia,
y otra,
que atraviesan la bruma e intentan prender la hoguera.
Y te niegas, me niego,
tiene nombre el miedo.
Y estancado se queda intentando derrumbarlo,
vaciando el agujero,
abriendo la puerta de emergencia.
Que correr se vuelve ya costumbre cuando el daño es natural.
Que decir que no y saltar sin pensamiento entra ya en el mundo del desesperar.
Porque ellos se creen vividos,
pero yo opino que si nunca han visto tus ojos como yo los he visto,
se les ha olvidado disfrutar de esos besos, cortos, que no saben a nada más que a ti.
Y debería lucharte,
y no lo hago porque el punto medio lo perdí y la cordura me estalló.
Y creyéndose perdida jugó a despistarme,
a discutir conmigo quien tiene las riendas de mi disfraz,
a cambiarme los papeles y el guión a interpretar, sin saber que
ya no tiene nada que hacer con mi persona.
Que ella sola, idiota, entró en la celda y se enjauló.
Y ábrela, que da igual, ahí al menos el olor a gasolina no entra.
Se respira bien, dijo y se durmió.
No añadió nada más.
Iniciales
Y aún así sigo mirándola y maravillándome con esa manera tan especial que tiene de fumar. Aunque siempre preferí verla fumándose el mundo. Aspirando los lunes perezosos entre sus pestañas, espirando ese opio de sus sonrisas por las mañanas, y mientras siempre esperaba sonriendo apoyada en el hueco de los recuerdos a que la suerte pasara a su lado, para escapar de ella y así poder no cambiar. Era extraña. A base de pastillas comprimidas quiso imitar el mundo a modo de cigarros. La envidia de no atisbar sus hoyuelos pasó factura… Ahora entiendo. Era única.
temc.
Y pensar que nunca te he visto reír de verdad.
Me enferma esta constante necesidad de soltar la estupidez del día para esperar tu reacción con impaciencia. Me desquicio ante tus ojos sin que importe demasiado que pienses, que estoy cansada o enfadada, porque el silencio seguirá siendo el mismo.
Y es que todo empieza a parecerme completamente absurdo.
Me enferma esta constante necesidad de soltar la estupidez del día para esperar tu reacción con impaciencia. Me desquicio ante tus ojos sin que importe demasiado que pienses, que estoy cansada o enfadada, porque el silencio seguirá siendo el mismo.
Y es que todo empieza a parecerme completamente absurdo.
10.Febrero.2011
Too little much too late
- ¿Qué haces aquí?
- Necesitaba ver que habría pasado si hubiera mirado tus ojos más a menudo.
- Es tarde para eso.
- Lo siento...
- También es tarde para eso.
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