shdw.s



Saben encontrarme las siete diferencias, 
las esquinas cortadas de este círculo vicioso,
el trazo inexacto del día que no pasa por otro sitio que no sea mi madriguera de cegueras.
O de sueños dormidos, medio enterrados por miedo a que se cumplan. 

Y no, 
que no se despierten.


Creo que es de cobardes vivir mirándole a los ojos al futuro, 
sin otro acompañante que el pasado quemándonos los pies diciendo
'hacia delante 
más rápido 
no pares'.

Como si las sombras fueran a dejar de perseguirnos
y su presencia en cada centímetro de vida se pudiera descoser.
Como si las paredes no me recordaran sus movimientos.
Su propia historia.

Mi otro monstruo debajo de la cama.

Que sus mordiscos ya son como cosquillas, 
y sus ronquidos la compañía al despertar. 
Que de desearnos miedo hemos pasado a las buenas noches, 
y el cigarro de 
'Hoy no puedo más, joder.' 
ya me lo encienden ellos.

Pero claro,
entiende,
todo depende de la cama en la que se recuerden.


Porque no te he contado nunca las peores batallas,
esas que ganas haciendo trampas y al final todos perdéis,
ni creo que lo haga.
Lo siento, hay pesadillas sin las que no me acostumbraría a dormir.

Pero mira, si aún quieres,
yo te dejo quedarte y que con ellas me enciendas los cigarros de después

de soñarlas.

de las cosquillas.

de morder.

Backward


"Y sigo sin entender por qué hablamos del futuro como si nos perteneciera.
Y dejo de recordar qué nos quitamos primero, si las dudas o la ropa."

Cuéntaselo




           Cuéntales lo de su espalda y los lunares. 
           Lo de los labios hinchados, desgastados.
           Y sí, también lo de los escalofríos por la piel.

           Cuéntales lo de la droga. 
           Lo de pasarse el día puestos de ganas de arrancaros la ropa. 
           Lo del miedo a entenderos demasiado. 

           Cuéntaselo.

           Lo de las diferencias. Pero sólo de posturas.
           Lo de miraros y recordar las noches. Y sonrojarte tú más que ella.

           Cuéntaselo.

           Cuéntales todo eso que no puedes olvidar.

Vainilla




Y sigo esperando el puto milagro de caderas que éramos, el de tus labios acorralando mi miedo para meterle mano sin su permiso, acallando sus gritos con latidos. Que me faltas encima tapándome el resto del mundo, o a un lado acompañándome a saltarlo. La competición de quién llega antes en la que siempre perdías, y de la que nunca supimos (ni sabremos) el resultado. Coge todas las miradas furtivas. Coge todos los ángulos que quieras, la ropa, hasta la piel. No me interesa ser legal si significa que no me miras con el deseo quemándote los ojos. Casi quemándome la ropa. Si la tuviera.

No te cortes, la cama está para quitarnos la ropa y la educación.

Bragas


Me he prohibido soñar. Y hablar. Y pensar.

Pronto empiezan a acumularse los errores en la puerta pero yo aquí sigo, sin saber en qué sobre enviar las reclamaciones, si en el de ”ya lo arreglaré” o en el de ”seré sincera, me importa una mierda”.

Debería abrir la ventana a ver si en un desliz, uno más de tantos que tuvimos, consigo que te cueles por ella. O para que se ventile este aire tan viciado de deseos, de momentos que no fueron, ni son, ni serán.

Lo que el azar conspire con tus caderas, como siempre.

No he dejado de sonreír (ya sabes que vengo así por defecto), siquiera en sueños, o tras el quinto absenta derritiéndome la coherencia. Si es que alguna vez la tuvimos, igual que dudo si te tuve a ti o simplemente fuimos socios de destrozos. De manías y miedos, de tu boca y mi cuello, de tu cama y mis resacas, de alergia a desconocernos.
Alergia a tantas cosas…

Ya no cruzo de blanco en blanco a ver si acierto (de una puta vez) y me he decidido a cruzar con los dedos más caras. Y máscaras por supuesto, quebrando por la mía que ya era hora.
Que parece mentira que siga negando estas ganas que me has dejado. De que me pidas permiso aún sabiendo las respuestas sólo para escuchar mi necesidad de tus manos. Y de tu lengua. 
Y de más.

Demasiado.

Así que disculpa que use los calores para mentirme un rato más horneando “mañana olvido”s con tan mal sabor que ni yo me los trago, pero algo tenía que hacer con los grados de más. Porque bebérmelos me sale con el precio a devolver, y ya suficientes daños llevo de los centímetros de distancia que ni tú ni yo entendemos.

‘Dónde’ se lo dejo a tu recuerdo mirándome las bragas.

Pero sonreías, de eso no me olvido.