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Podríamos decir, y estaríamos en lo cierto,
que era idiota.

O que simplemente le gusta comerle la boca a la felicidad cada noche,
aunque eso suponga morirse de sed cada día.

Que a fin de cuentas es lo mismo.
Era tremendamente idiota.

El tiempo se le corre demasiado deprisa y nunca supo otra manera de frenar que no fuera chocando contra sus muros.
Que rendirse nunca fue para ella.
Que si no nunca habría llegado a comprender lo bonito de los defectos,
de las caídas,
y de las recaídas.

De la vida.

De ser ella misma.

De ser idiota.

Disparates

O disparas, o dispárate.


Destrozarnos los huesos, astillarnos la piel, mordernos salvajes cada día.
Tenernos con el único fin de sentirnos vivos. Solos, pero vivos. 
Ser libres, pero sernos. 
Anularnos la capacidad de jodernos los sentimientos, pero sin duda jodernos.
¿No fue esto lo que me pediste?
¿No era esto lo que querías?

Sí.
Pero nunca fue contigo.

Y él no lo entendía.
Porque ya no nos sentíamos solos, ahora sólo nos sentíamos.
Y era enfermizo vivirnos así de libres con todos esos sentimientos jodiéndose nuestras ganas cada noche.
Porque yo no los pedí, como presente.
Porque yo nunca nos quise, como futuro.

Creo que es hora de que aterricemos en tierra firme
dijo calmado, indiferente como siempre.
Y acto seguido soltó los mandos, porque aún perdiéndonos tenía que ganar.
No lo dudó, nos estrelló contra aquel cementerio de pasados.


Y de aquel disparate rescatamos dos cuerpos,
pero ningún corazón.

Entrópico


Te voy a hacer milagros con las palabras,
para que te corras con cada tilde y grites mi nombre en cada acento.

También te voy a cantar las cuarenta
entre gemidos inconexos al oído,
sin disimulo,
mucho menos miedo.

Y luego te voy a dejar
ajado, descosido,
pero entero,
al borde del precipicio de los versos que aún están por escribirte.

Para que saltes
si te atreves
y si tienes ganas de volar algo más que corazones y corazas.


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Entre los copy-pastes de historias ajenas a los que una vez intentamos llamar vida
creo que siguen engatusados varios sueños
ya desilusionados
cansados
parados
carcomidos de alfileres en sus alas.


Así que deja de limpiar los trozos rotos del espejo,
y rómpelos más para mirar a través de ellos.
Y diles de mi parte que hechos polvo
vuelan más.
Caen.

Que aún no entiendes que caer es otra forma de volar.

Descontrolada sí,
pero volar
joder.

needt


"Creía que eran necesarios dos para soñar,
pero aquí no hacemos falta ninguno."

me dijo.

Y yo seguí intentando mirarle las perspectivas y encontrando sólo botellas de alcohol.
Como un rastro de pruebas del error.

Y mira que en el informe venía claro.
No hay coincidencia en el arma homicida, pero sí en el agujero de las balas.

Siempre al pecho.

Siempre al pecho.

Pasa, las cicatrices pueden ser abiertas y violadas de nuevo,
pero es sorpresa lo que vayas a encontrar debajo.

Eso sí, por favor,
cósenos al salir.

Mapa


Las bajas de este cuento de locos te escribían por algo,
y basta verte para entender que dieran sus manos por rozarte.

Guárdate la cara de ‘estás exagerando’.
Yo las daría.


Podría andarlo descalza desde la primera hasta la penúltima página,
cortándome con las cicatrices de tus esquinas,
rasgándote con mis días de páginas arrancadas,
y no nos pararía.


Si no fuera porque siempre me muerdo las caídas,
te diría qué huellas tienen tu nombre, cuáles las de todos,
y las pondría a cero.

(Pero entre tú y yo, creo que puestas a cien te sonríen más.)


Hablaría con los finales de los cuentos,
esos que dicen


Fueron las prisas. No los tropiezos.

y les escribiría debajo a todos esos locos que se equivocan,
que tus espaldas son algo por lo que merece la pena perder el miedo de que me lleven a cuestas,
dejarme las rodillas en las caídas, y hasta marearme de respirar.

Y les añadiría un postdata

"Os faltan futuros, locuras,
y ganas de correr."

Y tú.

Después, seguiría corriendo.